El British Medical Journal informa sobre una nueva clase de accidentes que pueden sufrir los niños. Dicho accidente es causado por el empleo de cierre relámpago en lugar de botones en la bragueta de los pantalones (escribe nuestro corresponsal de medicina).
El peligro está en que el prepucio quede atrapado por el cierre. Ya se han registrado dos casos. En ambos hubo que practicar la circuncisión para liberar al niño.
El accidente tiene más probabilidades de ocurrir cuando el niño va solo al retrete. Al tratar de ayudarlo, los padres pueden empeorar las cosas tirando del cierre en sentido equivocado, pues el niño no está en condiciones de explicar si el accidente se ha producido al tirar del cierre hacia arriba o hacia abajo. Si el niño ya ha sido circuncidado, el daño puede ser mucho más grave.
El médico sugiere que cortando la parte inferior del cierre con alicates o tenazas se pueden separar fácilmente las dos mitades. Pero habrá que practicar una anestesia local para extraer la parte incrustada en la piel.
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– Qué te parece si ingresamos en la corporación nacional de los monjes de la oración del santiguamiento.
– Entre eso y entrar en el presupuesto de la nación…
– Tendríamos ocupaciones formidables -dijo Traveler, observando la respiración de Oliveira-. Me acuerdo perfectamente, nuestras obligaciones serían las de rezar o santiguar a personas, a objetos, y a esas regiones tan misteriosas que Ceferino llama lugares de parajes.
– Este debe ser uno -dijo Oliveira como desde lejos-. Es un lugar de paraje clavado, hermanito.
– Y también santiguaríamos a los sembrados de vegetales, y a los novios mal afectados por un rival.
– Llamalo a Cefe -dijo la voz de Oliveira desde algún lugar de paraje-. Cómo me gustaría… Che, ahora que lo pienso, Cefe es uruguayo.
Traveler no le contestó nada, y miró a Ovejero que entraba y se inclinaba para tomar el pulso de la histeria matinensis yugulata.
– Monjes que han de combatir siempre todo mal espiritual -dijo distintamente Oliveira.
– Ahá -dijo Ovejero para alentarlo.
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Y mientras alguien como siempre explica alguna cosa, yo no sé por qué estoy en el café, en todos los cafés, en el Elephant amp; Castle, en el Dupont Barbès, en el Sacher, en el Pedrocchi, en el Gijón, en el Greco, en el Café de la Paix, en el Café Mozart, en el Florian, en el Capoulade, en Les Deux Magots, en el bar que saca las sillas a la plaza del Colleone, en el café Dante a cincuenta metros de la tumba de los Escalígeros y la cara como quemada por las lágrimas de Santa María Egipcíaca en un sarcófago rosa, en el café frente a la Giudecca, con ancianas marquesas empobrecidas que beben un té minucioso y alargado con falsos embajadores polvorientos, en el Jandilla, en el Floccos, en el Cluny, en el Richmond de Suipacha, en El Olmo, en la Closerie des Lilas, en el Stéphane (que está en la rue Mallarmé), en el Tokio (que está en Chivilcoy), en el café Au Chien qui Fume, en el Opern Café, en el Dôme, en el Café du Vieux Port, en los cafés de cualquier lado donde
We make our meek adjustments,
Contented with such random consolations
As the wind deposits
In slithered and too ample pockets.
Hart Crane
En los cafés me acuerdo de los sueños, un