La alegría general fue sustituida por el nerviosismo, Y ahora, qué vamos a hacer, preguntó la chica de las gafas oscuras, después de lo que ha ocurrido yo no conseguiré dormir, Nadie lo conseguirá, creo que deberíamos seguir aquí, dijo el viejo de la venda negra, interrumpiéndose como si aún dudara, luego continuó, Esperando. Las tres luces del candil iluminaban el corro de rostros. Al principio conversaron con animación, querían saber exactamente cómo había ocurrido, si el cambio se produjo sólo en los ojos o si también notó algo en el cerebro, luego, poco a poco, las palabras fueron decayendo, en cierto momento al primer ciego se le ocurrió decirle a su mujer que al día siguiente se irían a su casa, Pero yo todavía estoy ciega, respondió ella, Es igual, yo te llevo, sólo quien allí se encontraba, y en consecuencia lo oyó con sus propios oídos, fue capaz de entender cómo en palabras tan sencillas pueden caber sentimientos tan distintos como son los de protección, orgullo y autoridad. La segunda en recuperar la vista, avanzada la noche, y el candil en las últimas de aceite, fue la chica de las gafas oscuras. Había estado todo el tiempo con los ojos abiertos como si por ellos tuviera que entrar la visión y no renacer por dentro, de repente dijo, Me parece que estoy viendo, era mejor ser prudente, no todos los casos son iguales, se suele decir incluso que no hay cegueras sino ciegos, cuando la experiencia de los días pasados no ha hecho más que decirnos que no hay ciegos, sino cegueras. Aquí son ya tres los que ven, uno más y serán mayoría, aunque la felicidad de volver a ver no viniese a contemplar a los restantes, la vida para éstos pasaría a ser mucho más fácil, no la agonía que ha sido hasta hoy, véase el estado al que aquella mujer llegó, está como una cuerda que se ha roto, como un muelle que no aguantó más el esfuerzo a que estuvo constantemente sometido. Quizá por eso fue a ella a quien la chica de las gafas oscuras abrazó primero, entonces no supo el perro de las lágrimas a cuál de las dos acudir, porque tanto lloraba una como la otra. El segundo abrazo fue para el viejo de la venda negra, ahora sabremos lo que valen realmente las palabras, nos conmovió tanto el otro día aquel diálogo del que salió el hermoso compromiso de vivir juntos estos dos, pero la situación ha cambiado, la chica de las gafas oscuras tiene ahora ante sí a un hombre viejo a quien ya puede ver, se han acabado las idealizaciones emocionales, las falsas armonías en la isla desierta, arrugas son arrugas, calvas son calvas, no hay diferencia entre una venda negra y un ojo ciego, es lo que él está diciendo en otros términos, Mírame bien, yo soy la persona con quien tú dijiste que vivirías, y ella respondió, Te conozco, eres la persona con quien estoy viviendo, al fin hay palabras que valen más de lo que habían querido parecer, y este abrazo tanto como ellas. El tercero en recuperar la vista, cuando empezaba a clarear la mañana, fue el médico, ahora ya no caben dudas, el que los otros la recuperen es sólo cuestión de tiempo. Pasadas las naturales y previsibles expansiones, que, por haber quedado de ellas, anteriormente, registro suficiente, no se ve ahora necesidad de repetir, aun tratándose de figuras principales de este vero relato, el médico hizo la pregunta que tardaba, Qué estará pasando ahí fuera, la respuesta llegó de la propia casa donde estaban, en el piso de abajo alguien salió al rellano gritando, Veo, veo, de seguir así va a nacer el sol sobre una ciudad en fiesta.