Palin iba a aconsejar al kender que sería beneficioso para su salud si se mantenía lejos del caballero cuando la voz de una mujer sonó en el interior de la torre, llamando:
—¡Tasslehoff! ¿Dónde estás? ¡Tas! ¿Adónde has ido?
Palin alzó la vista y miró hacia la puerta. Dejó escapar un suave suspiro. Los espectros casi le habían helado el corazón, pero ahora lo sintió inflamarse.
Una mujer como jamás había visto otra en toda su vida se encontraba en el umbral. Una poblada melena de cabello plateado enmarcaba un rostro que era seductor y misterioso, aunque —por los grandes y anhelantes ojos dorados— parecía necesitar que los demás le revelaran todos sus secretos. Sus ropas, de ligera seda de fuertes colores, eran extravagantes y de un estilo tal que ninguna mujer de esta parte del país bien educada las habría llevado puestas. Sin embargo, iban con su estilo. Ella era tan exótica, tan encantadora, como si acabara de bajar de una estrella.
—¡Tas! —exclamó la joven con un tono de alivio. Bajó corriendo la escalera—. ¡Gracias a los dioses que te he encontrado! ¿Cómo vamos a salir de...? —Enmudeció de repente y miró a Steel y a Palin—. Oh. —Miró de soslayo a Tas al tiempo que se acercaba a él con disimulo—. ¿Quiénes son estos caballeros?
—¡Amigos míos! —contestó Tas, entusiasmado—. Este es Steel Brightblade. Es hijo de Sturm. Sturm era un Caballero de Solamnia y uno de mis mejores amigos. También es hijo de Kitiara, pero ella no pertenecía a la caballería. Era una Señora del Dragón y no podía considerarla exactamente como una amiga, más bien como una conocida. Esta es Usha.
—Señora —dijo Palin, que miraba fijamente a la mujer, como embrujado. Pero se sintió decepcionado al ver que la mirada de ella estaba prendida en el caballero, y que esbozaba una sonrisa tímida.
Steel ni siquiera la miraba, ya que sus ojos iban de una ventana de la torre a otra buscando alguna señal de peligro.
Usha siguió observándolo, estudiando su armadura que ahora podía ver con claridad a la luz de las lunas. Su sonrisa se desvaneció y sus ojos se oscurecieron.
—Eran como tú... los que vinieron. —Su voz temblaba por la ira—. Nos trataron como si fuéramos escoria. ¿Por qué tuvisteis que venir para destrozar nuestras vidas? —gritó de repente—. ¿Qué os habíamos hecho? ¡No éramos ninguna amenaza para vosotros!
Ahora Steel se volvió a mirarla y la contempló con interés.
—¿De qué ciudad eres, señora? ¿De Kalaman? ¿Es cierto que ha caído bajo nuestro dominio?
Usha abrió la boca para responder, pero de pronto pareció que le resultaba difícil hablar.
—No, no vengo de Kalaman —contestó por fin—. Soy de por allí cerca... —Su voz se debilitó un instante, pero enseguida cobró fuerza—. ¡No teníais derecho a invadir nuestra tierra!
—Sea cual sea el mal que imaginas que te causamos, lo hicimos en nombre del progreso, señora —contestó Steel—. No espero que puedas entenderlo, así que no intentaré explicártelo. —Su mirada se volvió de inmediato hacia la torre. Seguía con la espada en la mano—. Tenemos cosas que hacer aquí, Majere, recuérdalo.
—Lo recuerdo —repuso Palin, aunque casi lo había olvidado.
Usha había vuelto aquellos ojos maravillosos hacia él.
—¿Cómo te llamas? —preguntó, con las mejillas arreboladas al reparar en su mirada de descarada admiración.
—Palin Majere —respondió suavemente—. ¿Y tú? No..., no lo entendí bien.
—Usha —contestó incisivamente.
—¡Usha
—¡No! —gritó Palin, consternado.
—¿Qué? —Usha, asustada por la intensidad de su expresión, se apartó de él un paso—. ¿Qué pasa?
—¡Soy..., soy sobrino de Raistlin! Caramon Majere es mi padre y tu tío. Somos primos —dijo el joven mago amargamente—. ¡Primos
—¿Eso es todo? —Usha respiró tranquila—. Somos primos hermanos, ¿y qué? A mí no me importa —dijo, sonriéndole.
Su sonrisa relució alrededor de Palin como una lluvia de estrellas. Estaba tan deslumbrado que apenas veía.
—Vuestros padres eran gemelos —comentó Tas, a modo de explicación.
—Y ahora que está aclarado todo el tema de la genealogía —intervino Steel con acritud—, ¿permites que te recuerde de nuevo, Majere, que no disponemos de mucho tiempo y que tenemos un trabajo importante que hacer dentro de la torre?
—¿Dentro? —Usha echó un vistazo a la torre, asustada, y luego volvió su mirada acosada hacia Palin—. ¿Vas a entrar?
—Nosotros acabamos de salir —les informó Tas, que añadió, enorgullecido:— Dalamar nos tenía prisioneros a los dos.
—¿Por qué motivo? —Palin no parecía muy convencido.
—¿Acaso importa? Habéis venido a través del robledal —dijo Usha, que se apresuró a hablar, sin dar tiempo a Tas de responder. Tomó a Palin de la mano y lo miró a los ojos—. El Túnica Roja que está dentro dijo que tienes que ser un hechicero extremadamente poderoso para hacer algo así. —Se acercó más y le susurró al oído:— ¡Tú y el caballero podríais llevarnos a través de la arboleda, y así podríamos huir de este sitio horrible!