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»El valeroso Caballero de Solamnia, Huma, expulsó a la Reina Oscura haciéndola regresar al Abismo. Los hechiceros, profundamente avergonzados, trataron de clausurar los Portales. Por desgracia, los magos que los habían creado habían muerto en la Guerra de los Dragones, llevándose con ellos sus conocimientos y su poder. Los hechiceros supervivientes no podían cerrar los Portales, pero sí hacer imposible cruzarlos... o eso creyeron. Así, pusieron como condición indispensable que las únicas dos personas que podían entrar por ellos tenían que ser un Túnica Negra acompañado por un clérigo de Paladine. Una alianza tan tortuosa e inaudita, creyeron, sería impracticable, y de este modo los Portales serían seguros.

»Con el tiempo, en pleno auge de Istar, cuando los magos fueron perseguidos por la iglesia, tres de las Torres de la Alta Hechicería o se perdieron o fueron destruidas, y con ellas, sus Portales. Los hechiceros que vivían en la Torre de Palanthas accedieron a abandonarla a cambio de la promesa del Sumo Sacerdote de que se les permitiría partir para seguir practicando la magia en Wayreth. Sin embargo, antes de dejar la torre y como medida de precaución, los magos trasladaron el Portal a la fortaleza de Zhaman, ahora conocida como el Monte de la Calavera, suponiendo, con muy poco acierto, que nadie lo encontraría allí.

—¡Yo lo encontré! —gritó Tas—. Bueno, más o menos. Estaba con Caramon y Raistlin, en el pasado, aunque se suponía que no debía estar allí. Y Raistlin y Crysania, que entonces era una sacerdotisa de Paladine, cruzaron el Portal y así es como Raistlin entró en el Abismo. Y Crysania fue con él, y la Reina Oscura casi mató a Crysania, sólo que salvó la vida, aunque se quedó ciega, y Caramon entró y la sacó de allí, y entonces Raistlin comprendió el terrible error que había cometido y que la Reina Oscura iba a entrar en el mundo, así que él, Raistlin quiero decir, sacrificó la vida para quedarse en el Abismo y mantener el Portal clausurado. Caramon cree que a su hermano le fue concedida la paz de un sueño eterno en recompensa por su sacrificio, lo que significaría que Raistlin no se encuentra en el Abismo, después de todo...

¡Oh! —Tas se levantó de un brinco, muy excitado—. ¿Es por eso por lo que vamos a cruzar el Portal, Palin? ¿Para buscar a Raistlin? En ese caso, iré con vosotros —ofreció el kender con magnanimidad—. Raistlin y yo éramos grandes amigos. Bueno, lo éramos hasta que mató a Gnimsh, el gnomo. —Tas adoptó una expresión seria—. En realidad nunca lo perdoné por aquello.

—¿Vais a entrar allí para buscar a Raistlin Majere? —preguntó Usha. No miró a Palin mientras hablaba, sino que jugueteó con el repulgo de su túnica con nerviosismo.

—Aún tenemos que entrar en el laboratorio —repuso Palin—. ¡Todavía tenemos un largo camino por delante antes de entrar en el Abismo para buscar a nadie!

—Y ninguno de nosotros es un Túnica Negra ni un clérigo de Paladine —intervino Steel—. Lo que significa, según tu historia, Majere, que no tenemos la menor posibilidad de entrar, que nunca la hemos tenido. —Se puso de pie con un ágil salto, llevando la mano a la empuñadura de la espada—. Lo sabías desde el principio. ¿Qué clase de truco tienes en mente? ¿O acaso hay algo que has omitido contarnos?

—No hay ningún truco —dijo Palin con voz queda—. Te he dicho la verdad... hasta donde yo la conozco. —Alzó la vista hacia Steel—. No tengo ni idea de cómo voy a conseguir entrar...

—Oh, sí que lo sabes. En caso contrario, no habrías llegado tan lejos. ¿De qué se trata? ¿Qué es lo que sabes?

Palin agarró el Bastón de Mago y se puso de pie.

—Sé que te di mi palabra de honor, y no faltaré a ella.

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