—No —dijo ella—. Yo... No, Dexter.
—Muy bien —acepté, aún perplejo por lo que había hecho.
—No creo que quiera... No estoy preparada para eso... Maldita sea, Dexter —dijo ella. Se quitó el cinturón de seguridad, abrió la puerta del coche y corrió hacia su casa.
Oh, Dios
, pensé. ¿Qué diablos has hecho?Y supe que seguiría dándole vueltas a todo eso, y tal vez me sintiera decepcionado por haberme cargado un disfraz que llevaba año y medio construyéndome día a día. Pero en este momento en lo único en que podía pensar era en ese montón de partes de cuerpo humano seccionadas.
Desangradas
.Ni una gota.
El cuerpo yace tal y como a mí me gusta. Brazos y piernas sujetos y la boca sellada con cinta aislante para que no haya ruido ni salpicaduras en mi área de trabajo. Y mi mano sostiene el cuchillo con tanta firmeza que estoy seguro de que éste será uno de los buenos, muy satisfactorio...
Pero no se trata de un cuchillo, sino de una especie de...
Y tampoco se trata de mi mano. Aunque mi mano la mueve, no es la mía la que sostiene el arma. Y la estancia es muy pequeña, bastante estrecha, lo cual tiene sentido porque es... ¿qué?
Y ahora estoy flotando sobre este perfecto y cerrado espacio de trabajo y su tentador cuerpo, y por primera vez siento el frío que sopla alrededor, y, en cierto modo, a través de mí. Y si sólo pudiera sentir los dientes, estoy seguro de que castañetearían. Y mi mano, en una simbiosis perfecta con esa otra mano, se alza y traza en el aire el arco que provocará un corte perfecto...
Y me despierto en mi apartamento, claro. No sé cómo he llegado hasta allí, pero estoy de pie junto a la puerta principal, completamente desnudo. El sonambulismo lo entiendo, pero ¿por qué hacer striptease
? No sé, la verdad. Vuelvo a tientas hasta ese follón que es mi cama. Las mantas están apiladas en el suelo. El aire acondicionado ha hecho descender la temperatura a unos 16 grados. Anoche, en su momento, me había parecido una buena idea, ya que estaba algo perplejo por lo que había sucedido con Rita. Absurdo, si es que había sucedido de verdad. Dexter, el bandido del amor, robando besos. Así que cuando llegué a casa me di una ducha caliente y bajé el termostato al mínimo antes de acostarme. No pretendo entender por qué, pero en mis momentos más oscuros siento que el frío purifica. No es que pretenda refrescar el ambiente más de lo necesario.Y frío sí que hacía. Demasiado para tomar café y empezar el día entre los retazos difusos de mi sueño.
Por norma general no suelo recordar lo que sueño, y no le doy la menor importancia si eso sucede. De modo que resultaba ridículo que éste en concreto no me dejara en paz.
Y ahora estoy flotando sobre este perfecto y cerrado espacio de trabajo... mi mano, en una simbiosis perfecta con esa otra mano, se alza y traza en el aire el arco que provocará un corte perfecto
...He leído libros. Quizá porque nunca llegaré a ser uno de ellos, los humanos me parecen interesantes. De modo que lo sé todo sobre simbolismos: flotar es una forma de volar, el símbolo del sexo. Y el cuchillo...
Ja, Herr Doktor
. El cuchillo ist eine madre, ¿ja?Olvídalo, Dexter.
Ha sido sólo un sueño estúpido y absurdo. El timbre del teléfono casi me provoca un infarto.
—¿Qué me dices de un desayuno en Wolfie's? —dijo Deborah—. Invito yo.
—Es sábado por la mañana —dije—. No habrá mesa.
—Me adelanto y empiezo a hacer cola —dijo ella—. Nos vemos allí.