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– Dios, estos zánganos resultan tediosos. Es cierto que su mentalidad colmenar resultaría de gran utilidad entre los vertebrados (etiqueta aplicable a usted, en mi opinión, únicamente en lo que a la estatura se refiere). ¿Sigue perdido? Me lo temía. ¿Preocupado por el humo? Naturalmente. Un tipo inteligente resolvería ambos inconvenientes de una vez simplemente mediante la observación de la dirección seguida por el humo, ya que este tiende a desplazarse hacia arriba y en este piso no proliferan las ventanas. No obstante, temo que existen pocas posibilidades de que usted pueda llegar a dicha conclusión, dado que su ingenio es tan vivaz como el de un haragán ahíto de tranquilizantes. Lástima que su flujo de conciencia no haya entrado aún en su era interglaciar, pero no todos podemos ser gigantes mentales. Imagino que todo se debe a una descodificación genética deficiente, posiblemente iniciada en el vientre materno, cuando todas las reservas sanguíneas fueron destinadas a la formación de los músculos y el cerebro se limitó al desarrollo de la parte reservada en casos normales para el dedo gordo del pie, o algo por el estilo.

Pensaba que ya estaba perdido y eso, pero miré para dónde iba el humo y vi la trampilla, así que pienso que se podrá salir por ahí o algo, pero es difícil intentar pensar algo cuando el familiar con los ojos bizcos me come la oreja todo el rato.

– Volviendo al tema de los niños, como decía antes, hemos hallado una salida hacia la planta superior, ¿no es así? Bien, felicidades. ¿Recordaremos cerrar la trampilla? Fantástico, allá vamos. El siguiente paso será atarse usted mismo los cordones de los zapatos… posiblemente unos con los otros, pero en cualquier caso, es un comienzo. ¿Por dónde iba? Niños, efectivamente. En las tierras de abajo, son las mujeres quienes están a cargo de todo. Los machos nacen bajo una aparente normalidad, pero únicamente crecen durante un tiempo, y su desarrollo se interrumpe en la estatura de un niño de dos años. Sexualmente, su madurez se completa y sus cuerpos se revisten de vello y, en ocasiones, se ensanchan ligeramente. Poseen unos genitales completamente desarrollados, pero se mantienen todas sus vidas en una talla idónea para ser acunados, y de ningún modo llegan a crecer hasta el punto de convertirse en una posible amenaza. Por supuesto, jamás alcanzan una evolución mental completa, pero, si preguntamos a cualquier mujer, este hecho no supone cambio alguno. Estos pequeños seres peludos son utilizados para procrear y perpetuar estirpes, y los resultados son pequeñas y maravillosas mascotas, pero las mujeres tienden a establecer relaciones serias entre ellas, lo que, en mi opinión, resulta de lo más procedente. Y, exceptuando otros aspectos irrelevantes para el caso que nos ocupa, se necesitan tres o cuatro machos para formar un quórum táctil satisfactorio en las relaciones sexuales, en contraposición con la mera inseminación…

Joder, es que no puede callarse la boca. Este pequeño cabrón ya estaría chamuscado si yo no hubiera encontrado la salida. Aquí arriba hace un viento del carajo, parece un pedo de dragón haciendo volar todas las cortinas y eso. Estoy buscando el camino al piso de arriba y unos guardas como osos con cabezas de hombres me han perseguido con hachas, pero también me los he cargado, y uno se ha caído por un balcón y lo he visto mientras caía hasta que se ha hecho papilla abajo, y parecía una mancha pequeñita, pero todo esto no me ha ayudado a encontrar a la puta reina y eso.

– Apostaría a que, en estos momentos, el pobre está lamentando no haber tomado aquellas clases de vuelo. Pero contemple el paisaje, hágame el favor. Cadenas de colinas, bosques, arroyos que emulan venas de mercurio… Una belleza extraordinaria que deja sin respiración. Aun con máquina de respiración asistida, me temo. No, pero usted tampoco lo requeriría, supongo; no existen excesivas posibilidades de que usted sufra de una falta de oxígeno. Imagino que posiblemente le basten un par de moléculas diarias. Dios mío, mírese; convertirse en un vegetal supondría un ascenso en su caso.

»No obstante, debo ser justo y admitir que se ha deshecho de los ofensivos carnívoros con una notable tranquilidad. Casi han logrado intimidarme, pero usted los ha abordado calmosamente, ¿no es así? Sí; tiene agallas, amigo. Es una lástima que se encuentren donde debería hallarse su cerebro, pero, como creo haber dicho anteriormente, no se puede tener todo. Personalmente, no pensaba que el trono fuese tan importante. No parece existir enlace alguno entre este piso y el superior, pero debe de haberlo en algún lugar. Si yo fuera monarca, querría un paso rápido y accesible, por si las cosas se torcieran en el salón del trono. Curiosamente, no es frecuente encontrarse ante una línea de unión entre un trono y su estrado. Pero este no es el tipo de detalle que esperaría que usted apreciase, amigo sin cerebro.

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