Читаем El Traje Gris полностью

En cuanto salió del chalet y subió al coche, se arrepintió de haber aceptado. El viejo Ardizzone lo había tranquilizado, dándole todas las seguridades que había querido además de su palabra. Pero a él seguía oliéndole a chamusquina. Bueno, de acuerdo. Ardizzone le había dicho con claridad que en ningún caso actuaría de testaferro de Torricella. Pero, aun admitiendo que Torricella quisiera desprenderse de la Fides, él jamás conseguiría saber en qué condiciones lo había hecho, cuáles habían sido los pactos secretos entre Ardizzone y el mafioso. Y tampoco se podía descartar que Ardizzone, para seguir desarrollando sus actividades tranquilamente, se hubiera visto obligado a comprar la Fides a instancias del propio Torricella. Y que la adquisición de la Prontocontanti se les hubiera ocurrido con posterioridad a los Ardizzone para que la cosa resultara menos evidente. Sí, tenía que ser eso. La Prontocontanti otorgaría una fachada de honradez a la Fides, y él… él otorgaría una fachada de respetabilidad a toda la operación. Por eso tenían tanto empeño en contratarlo. Pero había una manera de salir airoso: firmar un contrato inicial limitado a un año. A él le bastaría ese plazo para darse cuenta de cómo iban verdaderamente las cosas. Si el negocio era limpio, se quedaría; en caso contrario, al término del contrato nadie podría impedirle que se marchara. Un momento. Había un aspecto de las palabras de Ardizzone que había que examinar con mucha atención. Dejando a un lado que el viejo era un grandísimo canalla, ¿había otra razón para revelarle que estaba al corriente de su situación con Adele, aparte de la malvada satisfacción de decírselo a la cara? Quizá sí. Quizá aquellas palabras ocultaban una amenaza concreta: si no haces lo que te digo que hagas, puedo arruinarte en cualquier momento, contándole a todo el mundo cómo se comporta contigo tu mujer y cómo te comportas tú con ella. Si quiero, te hundo. Quizá estaba en posesión de alguna fotografía comprometedora de Adele. No; en cuanto hubiera firmado, no sería fácil irse. Lo sobresaltó el violento sonido de un claxon. Sin darse cuenta, había frenado de golpe. Justo delante del motel Regina.

7

Перейти на страницу:

Похожие книги

Зараза
Зараза

Меня зовут Андрей Гагарин — позывной «Космос».Моя младшая сестра — журналистка, она верит в правду, сует нос в чужие дела и не знает, когда вовремя остановиться. Она пропала без вести во время командировки в Сьерра-Леоне, где в очередной раз вспыхнула какая-то эпидемия.Под видом помощника популярного блогера я пробрался на последний гуманитарный рейс МЧС, чтобы пройти путем сестры, найти ее и вернуть домой.Мне не привыкать участвовать в боевых спасательных операциях, а ковид или какая другая зараза меня не остановит, но я даже предположить не мог, что попаду в эпицентр самого настоящего зомбиапокалипсиса. А против меня будут не только зомби, но и обезумевшие мародеры, туземные колдуны и мощь огромной корпорации, скрывающей свои тайны.

Алексей Филиппов , Евгений Александрович Гарцевич , Наталья Александровна Пашова , Сергей Тютюнник , Софья Владимировна Рыбкина

Фантастика / Современная русская и зарубежная проза / Постапокалипсис / Социально-психологическая фантастика / Современная проза