Читаем Historia del cerco de Lisboa полностью

Hizo Mem Ramires su informe al rey, el cual, en lo esencial, coincidía con los de otros capitanes, sugiriendo, con todo respeto, que mandase su alteza que comparecieran en su presencia los delegados del movimiento de las fuerzas armadas, que tal vez ante la majestad real se les redujese el atrevimiento y se les encogiesen los ánimos. Dudó Don Afonso Henriques en condescender, pero la situación apretaba, en cualquier momento podían los moros darse cuenta de la inactividad de los enemigos, y, en desespero de causa, pero furioso, mandó venir a los procuradores. Cuando los cinco hombres entraron en la tienda, el rey, de cerrada catadura y con los potentes brazos cruzados sobre el pecho, los increpó sañudamente, No sé si mandar que os corten los pies que os han traído, o la cabeza, de donde saldrán, si a tal cosa os atrevéis, vuestras osadas palabras, y tenía los ojos llameantes puestos en el más alto de los delegados, que era, como se adivina, Mogueime. Fue hermosa cosa de ver, probablemente sólo posible en aquellos inocentes tiempos, cómo pareció crecer aún más la figura de Mogueime y cómo le vino clara la voz para decir, Si vuestra alteza nos manda cortar la cabeza y los pies, será todo vuestro ejército quien quedará sin pies ni cabeza. No quería Don Afonso Henriques creer a sus oídos, que un soldado de la infantería popular pretendiese reivindicar para su vil gremio méritos que sólo a la caballería de los nobles deberían ser reconocidos, que ella, sí, es verdadero ejército, sin que sirva la peonada más que para redondear las huestes en el campo de batalla o para hacer cordón en los cercos, como es el caso en el que estamos. Incluso así, y porque la naturaleza lo había dotado de algún sentido del humor, conformado, evidentemente, a las circunstancias del tiempo, encontró graciosa la respuesta del delegado, no tanto en cuanto al fondo de la cuestión, más que discutible, como por causa del feliz juego de palabras. Volviéndose hacia los cuatro capitanes, que también habían sido llamados, dijo en tono de sonriente escarnio, Este país, por lo visto, empieza mal, y después, cambiando de expresión y afirmándose mejor en Mogueime, añadió, Yo te conozco, quién eres tú, Estuve en la toma de Santarem, señor, respondió Mogueime, y a mis hombros subió el capitán Mem Ramires, que ahí está, Y por eso te crees autorizado para venir aquí a protestar y a reclamar lo que no puede ser tuyo, No es por eso, señor, sino porque lo quisieron mis compañeros, de quienes, como éstos, soy voz y lengua, Y qué queréis, ellos y tú, Ya lo sabéis, señor, queremos tener parte justa en el saqueo, como quien aquí vino a dar su sangre, que, derramada, es igual en color a la de los cruzados extranjeros, como igualmente a ellos hieden nuestros cuerpos si la muerte nos toca y podrecemos, Y si yo dijese que no, que no tendréis parte en el saqueo, Entonces, señor, tomaréis la ciudad con los pocos cruzados que os quedan de los que no se fueron, Es una rebelión esto que estáis cometiendo, Señor, os ruego que no lo toméis así, y si es verdad que hay alguna ganancia en nuestro espíritu, pensad también que es acto de justicia pagar igual a igual, y que este país en principio de vida empezará mal si no empieza justo, recordad, señor, lo que ya nuestros abuelos dijeron, que lo que torcido nace no hay quien lo enderece, no queráis que torcido nazca Portugal, no lo queráis, señor, Dónde te han enseñado a hablar así, que ni clérigo mayor, Las palabras, señor, están en el aire, cualquiera puede tomarlas. Don Afonso Henriques, que ya había calmado su furia, se quedó pensando, con la mano derecha prendida en la barba, y había en su mirada una cierta expresión de melancolía como si dudase de tantos actos que practicara, y los otros, desconocidos, que lo esperaban en el futuro para valorarlo según la medida del alma con que viniese a enfrentarse con ellos, y estando así unos minutos, en un silencio que ninguno de los presentes se atrevía a quebrantar, dijo por fin, Marchad, luego os instruirán vuestros capitanes sobre lo que con ellos voy a decidir.

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