Con lo cual, ahora, por ejemplo, se les oye decir que Carlitos Alegre es un verdadero cretino, aunque hay que reconocer que tiene huevos, lo que realmente tiene es que está loco de remate, creo yo, ¿pero tú no crees que todavía puede sernos útil?, bueno, a lo mejor, sí, porque esa Natalia, por más puta o loca que sea, no deja de ser toda una De Larrea y Olavegoya, e hija única, además, y además ya heredó a su padre y a su madre, pues sí, claro, y ya qué le puede faltar en esta vida, si posee alta cuna y fortuna, ¿qué?, ¿cómo?, que yo pienso que no deberíamos decir alta cuna y fortuna, ¿te suena mal?, yo creo que sí, pues entonces tenemos que irlo probando por ahí y a ver qué pasa, buena idea, sí, aunque soltémosla con mucho cuidado, porque yo el otro día le dije al cretino de Carlitos que el tenista Alejandro Olmedo había alcanzado la cumbre del estrellato, al ganar la Copa Davis, y el muy huevón repitió Olmedo ha alcanzado la cumbre del estrellato y soltó la carcajada, casi lo mato, carajo, pero en cambio sólo le pregunté de qué se reía y él por toda respuesta dijo Me río de lo de la cumbre del estrellato, y alcanzada, además, porque estoy viendo a mi abuela Isabel reírse de todos los que han alcanzado todo tipo de cumbres, o, mejor dicho, de todos los que afirman que alguien ha escalado tanto estrellato…
– ¿Y qué más, Carlitos?
– Pues seguro que mi abuela Isabel se ríe sólo porque su abuela, que también se llamaba Isabel, se rió a carcajadas hace siglos porque ni sé quién dijo que alguien había escalado hasta alguna cumbre sublime, ¿me entiendes? Como que eso de tanta cumbre y tanto estrellato resulta medio huachafo, o algo por el estilo, digamos que demado sublime y por lo tanto medio ridículo, también, ¿me entiendes, Raúl?
– Cuántas veces tengo que decirte que yo soy Arturo, carajo…
– Perdón, je, pero ya te he contado que a mí siempre se me escapan las cosas más elementales, según mi abuela Isabel, la de la cumbre del estrellato y Alejandro Olmedo…
Y el telón se alzó aún más en aquel segundo piso de casona triste y calle de la Amargura, cuando esa noche, no mucho después de que el idiota de Garlitos les contara la historia de su vida y se largara con ambos antebrazos quemados, y como si nada, trayéndose abajo sus más profundas convicciones, demoliéndoles hasta la última certidumbre, mas no su casa, carajo, este imbécil pudo haber aprovechado, de una vez por todas, los mellizos Arturo y Raúl oyeron los mismos pasos cansados de siempre subiendo la misma escalera crujiente y lastimosa de siempre y pensaron en el pan nuestro de cada día y hágase, Señor, tu voluntad, y muchas cosas así de duras y de tristes, porque su madre continuaba subiendo, silenciosa, resignada, igualito que ayer y que cuando éramos niños, y continúa subiendo, desde que tenemos memoria, una tras otra, todas las noches, de la misma manera en que, todas las mañanas, baja y baja y continuará bajando y subiendo y llénelo igualito porque hace un millón de años que murió nuestro padre, maldita sea, y…
Acto seguido
– Buenas noches, hijos.