Читаем Los Caballeros de Takhisis полностью

—Majere —musitó el Túnica Blanca con la voz quebrada—. Sturm Majere. Y éste... —se movió para levantar la capa que cubría la cara del otro caballero—, es Tanin Majere. —Inclinándose sobre ellos, limpió la sangre de los destrozados rostros y besó a ambos en las frentes, frías como el hielo.

Mis hermanos.

7

Primos. Una deuda de honor. Sentencia de muerte. Libertad bajo palabra

—Majere. —Steel se volvió de cara al joven mago—. Majere. Conozco ese nombre.

Embargado por la pena, el Túnica Blanca no respondió; probablemente ni siquiera lo había oído. Pero la Señora de la Noche, sí. Emitió un ahogado siseo al inhalar bruscamente. Los verdes ojos se entrecerraron y observaron a Steel entre las rendijas de los párpados.

El guerrero no reparó en la Señora de la Noche, y se adelantó para llegar junto al mago. El joven era alto, bien formado, aunque carecía de la musculatura de sus hermanos soldados. El cabello era de un tono castaño rojizo, y lo llevaba largo hasta los hombros. Sus manos eran las de un mago: flexibles, esbeltas, de dedos finos. Ahora que Steel lo miraba con detenimiento, podía ver la semejanza, no sólo con los cadáveres tendidos en la arena, sino con el hombre que una vez le había salvado la vida.

—Majere. Caramon Majere. Éstos deben de ser sus dos hijos mayores —dijo, señalando a los caballeros muertos—. Y tú eres el pequeño. ¿Eres hijo de Caramon Majere?

—Soy Palin —respondió el mago con voz quebrada. Con una mano apartó los húmedos mechones pelirrojos de la fría frente de su hermano. Con la otra aferraba fuertemente el bastón, como si sacara de él la energía que lo mantenía con vida—. Palin Majere.

—Hijo de Caramon Majere ¡y sobrino de Raistlin Majere! —siseó la Señora de la Noche con énfasis sibilante.

Al oír esto, el subcomandante Trevalin —que apenas había prestado atención mientras meditaba sobre el traslado de los cadáveres y qué hombres destacar para la tarea— alzó la cabeza y contempló con gran interés al joven Túnica Blanca.

—¿El sobrino de Raistlin Majere? —repitió.

—Una captura importante —dijo la Señora de la Noche—. De gran valor. Su tío fue el hechicero más poderoso que jamás pisó Ansalon. —Sin embargo, mientras hablaba de Palin, la mujer no apartó la vista de Steel un solo instante.

El caballero no lo advirtió. Miraba los cadáveres aunque en realidad no los veía; le estaba dando vueltas a algo en la cabeza, tomando alguna decisión difícil, a juzgar por la expresión sombría de su semblante.

Y entonces Palin se estremeció y levantó los ojos, que estaban enrojecidos y anegados en lágrimas.

—Y tú eres Steel. Steel Brightblade, hijo de Sturm... —Su voz se quebró de nuevo al pronunciar el nombre que era el mismo que el de su hermano.

—Una extraña coincidencia, conocernos de este modo... —dijo el caballero, casi para sí mismo.

—Nada de coincidencia —comentó en voz alta la Señora de la Noche. Los ojos verdes eran unas brillantes rendijas—. Intenté evitarlo, pero su Oscura Majestad prevaleció. ¿Y qué significado guarda esto? ¿Qué augura?

Steel echó una mirada exasperada a la mujer. El caballero sentía un gran respeto por los Señores de la Noche y su labor. A diferencia de los Caballeros de Solamnia, que despreciaban la unión de armas con magia, los Caballeros de Takhisis utilizaban hechicería en sus batallas. Los magos recibían rango y condición social al igual que los caballeros guerreros; los hechiceros ocupaban posiciones preeminentes y respetadas en todos los niveles de mando. Pero todavía había fricciones de vez en cuando entre los dos grupos, aunque lord Ariakan hacía cuanto estaba en su mano para acabar con estos roces. El práctico militar, que veía una línea recta desde el punto A al punto B y nada más, no podía pretender entender a los hechiceros, que no sólo veían A y B, sino todas las variantes de planos de existencia intermedios.

Y de todos los Caballeros de la Espina, esta mujer era la menos realista, buscándole tres pies al gato, como reza el dicho, queriendo encontrar constantemente algún significado al incidente más nimio, echando sus piedras vaticinadoras tres veces al día, examinando las vísceras de gallos. El subcomandante Trevalin y sus oficiales habían discutido en más de una ocasión sobre las dificultades que encontraban para trabajar con ella.

Era una coincidencia, nada más. Y no tan extraña, además. Unos Caballeros de Solamnia con un hermano mago que se encuentran con su primo, un Caballero de Takhisis. El mundo estaba en guerra, aunque no todos lo supieran. Estos tres habrían coincidido con él en algún momento, no cabía duda. Steel daba las gracias por algo: el hecho de no haber sido responsable de las muertes de los dos jóvenes Majere. Después de todo, habría estado cumpliendo con su deber, pero esto hacía las cosas más fáciles. Se volvió hacia su oficial superior.

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